Combate de Costa Brava, el encuentro de dos guerreros

Contexto:

En nuestra Patria, y en la Provincia de Corrientes particularmente, a lo largo de la Historia, hubo luchas intestinas producto de las ideas políticas, que dirimieron en el campo de batalla sus diferencias. Desde 1833 fue la de federales contra unitarios, o sea desde que asumió Rosas (la Confederación), contra los que propugnaban otra forma de gobierno, en la cual se enrolaron  algunos gobernadores, ( unitarios-liberales) la República Oriental del Uruguay, e intereses foráneos (franceses e ingleses).
En 1842, (año que nos interesa de ahora en más), gobernaba Corrientes don Pedro Ferré (1), adversario de Rosas y pedía ayuda a sus aliados, habida cuenta que el Río Paraná (vía rápida de desplazamiento) era controlado  por la escuadra de la Confederación, al mando de Guillermo Brown (el Viejo Bruno).
En enero de éste año fue nombrado gobernador de Entre Ríos don Pedro Pablo Seguí.
La otra formación, la Riverista (uruguaya-unitaria), su comandante era Jefe de la Legión de Italianos en Montevideo, el Coronel Republicano Giuseppe “José” Garibaldi.(*)
La misma partió del puerto uruguayo con intenciones de ayudar, remontando el Paraná, con pertrechos, aguardiente y efectivo a Ferré, además de instrucciones precisas de los aliados. Forzó el Paso de Martín García en julio de 1842 y posteriormente el Paso de Paraná (La Bajada), siguen su derrotero al norte, perseguido por Brown, con fuerzas de artillería, barcos y tripulación  significativamente superiores. En Cabayú Cuatiá (La Paz) se le unen algunos refuerzos correntinos, en escasa cantidad y calidad.

 

Costa Brava el encuentro de dos guerreros

Continuando aguas arriba, el 14 de Agosto, después de 50 días de viaje y peripecias, al llegar a la altura de la Isla Costa Brava (desembocadura del Arroyo Espinillo entre los  kilómetros 810 al 820 del Río Paraná y a 33 km. de Esquina, entre Corrientes y Entre Ríos), y debido a la gran bajante de las aguas, no pudieron continuar las embarcaciones de mayor calado, y se mandó gente a tierra para que hicieran de sirgadores (sirgar: remolcar el barco desde la orilla por medio de cuerdas).
Los barcos de menor calado podrían haber continuado dejando a la Constitución y al Pereira allí, pero no quisieron abandonar sus buques insignia.
La Prócida fue enviada con alguno de los mejores hombres de Garibaldi, a Corrientes con pólvora, dinero y aguardiente para traer armas y cañones para los barcos capturados en el viaje.
Algunas tropas desembarcaron para auxiliar en la sirga y otros montaron puestos de vigilancia y defensa, y algunos trataron de cazar algo para los días de viaje.
El Almirante Brown con buenos prácticos, realizó el viaje en casi la mitad de tiempo y les dio alcance cuando Garibaldi estaba sirgando sus buques. Brown ordenó maniobrar cerca de tierra, donde había suficiente profundidad, para realizar un ataque por las bandas, ya que era difícil y peligroso atacarlo de un modo frontal. A la vez, dispuso que el ala izquierda de su escuadra fondeara al Suroeste del contrario a distancia de tiro, hostigando y perturbando la reacción enemiga contra el ala derecha con los cañones que pudiera presentar.

El despliegue de buques fue el siguiente:
Garibaldi colocó sus barcos entre la costa de Isla Brava y la costa de Corrientes en el cauce mismo del Paraná, en tres filas con el estribor hacia el enemigo, la primer fila estaba compuesta por la Constitución, el Pereyra, el Joven Esteban y la Bella Margarita, detrás estaban, la Santa Ana, la María Luisa, la Uruguay y el buque hospital Mercedes, como ultima línea de defensa, estaban la Caá Guazú y los 3 balleneros. En tierra, había 60 hombres de infantería al mando del Tte. 1º Rodríguez quienes defendían esas posiciones y tiroteaban a los sirgadores de Brown, quien tuvo que utilizarlos para acercar la Echagüe a tierra.

Brown destacó su escuadra en 2 alas:
Ala Derecha sobre el cauce, el Echagüe que era el más próximo al enemigo, con su proa sobre la ribera; cerca y al Sur, aprovechando la inclinación de la costa, lo seguía la Chacabuco evitando tener que tirar por arriba de aquél, tercero también cerca y al Sur se colocó el Americano, tomando las mismas precauciones y Brown abarluó a la 9 de Julio y al Americano desde su centro a popa (abarloar: Situar un buque al lado de otro o de un muelle).
Ala Izquierda: sobre la margen derecha del Paraná al suroeste, el Argentino, Libertad, Republicano, y las embarcaciones de menor porte, el Cometa, el Santafesino y el cúter Federal.

Brown  al ver que Garibaldi tenía infantería para hostigar desde tierra, ordenó a Montaña ir con 100 hombres. Montaña desembarcó y dividió sus hombres en tres columnas: una de 20 hombres al mando del Tte. M. Cordero del Echagüe que se dirigiría por la ribera; otra de 20 hombres al mando del Tte. French que iría por la derecha y la tercera en el centro con 60 infantes, al mando de Montaña y los Subtenientes Montandón y Castellanos.
El combate se inició de esta forma en tierra, desalojando la orilla de los tiradores emboscados y atacando a los sirgadores, las infanterías se aprestaron para un combate entre la arboleda. A partir de ese momento el ala derecha de Brown pudo moverse con mayor libertad y alcanzar la distancia de tiro.
Cuando las unidades argentinas entraron a distancia de tiro de las orientales, Garibaldi abrió el fuego, las naves de Brown soportaron el fuego mientras el la izquierda alcanzaba la posición asignada. Brown pudo hacer maniobrar a los buques para presentar la banda de babor al enemigo, entrando en combate todos ellos.
Al mediodía el combate se había generalizado tanto en el agua como en tierra, los infantes de ambos bandos poblaron la costa de tiros y bayoneta, algunos a machete limpio, los abordajes ya empezaban a planificarse. El combate menguó cerca de las 16 horas para comer y atender los heridos y enfriar los cañones que se ponían al rojo vivo, reanudándose poco después hasta el oscurecer, con ambos bandos tomando posiciones de seguridad nocturnas, reparación de los buques y atención de heridos o muertos. El combate en las costas se volvió muy encarnizado llegando casi al cuerpo a cuerpo, la superioridad numérica de los rosistas se vio compensada con la fiereza de los garibaldinos que combatían palmo a palmo por esas costas. Aunque muchas veces se vieron superados y debieron regresar a sus buques o esconderse en la espesura del monte.

Garibaldi reunió a sus oficiales y evaluó la situación, sabia que escaseaban las municiones, que sus barcos estaban algunos muy dañados y que la pérdida de gente era elevada. El capitán del Pereira, Arana Urioste propuso llevar un ataque nocturno por tierra para capturar al Echagüe, pero dado lo arriesgado que era, fue desestimado.
Villegas quería aprovechar la oscuridad y seguir por agua hacia el Norte con las embarcaciones de menor porte y lo que se pudiera llevar, dejando a la Constitución y al Pereira que no podían pasar, esto enfureció a Garibaldi y a otros oficiales que no querían dejar el combate ni sus naves. Finalmente se dispuso que dos de los mercantes capturados fueran despojado de todo lo útil y sean transformados en brulotes (brulote: embarcación cargada de materias incendiarias y explosivas, dirigida hacia los buques enemigos fondeados, para destruirlos) que se lanzarían a medianoche.
Arana Urioste no se conformó con la decisión de su jefe y en la oscuridad con 50 hombres fue por tierra con el propósito de abordar el Echagüe. Montandón, que estaba alerta en tierra, los sorprendió emboscado y los atacó en la negrura de la noche con todos sus hombres, Arana Urioste fue muerto de un tiro en la cabeza y muchos de sus hombres perecieron junto a él, fue una literal masacre, los sobrevivientes huyeron hacia sus barcos. Algunos escritores relatan que los vencedores estaban tan enardecidos que mutilaron y vejaron algunos cadáveres incluido el de Arana Urioste.
Enterado de la muerte de Arana, Garibaldi dice, “con él he perdido a uno de mis mejores hombres”, y a eso de las 2 de la mañana del día 16, lanzó como brulote a la Bella Margarita laque se dirigió directo al Echagüe, los vigías la detectaron y Brown ordenó al grumete Cordero perteneciente a la 9 de Julio embarcarse en una falúa de vigilancia y dirigirse al brulote para anular su carga explosiva y embicarlo en el banco. El jovencito de 12 años actuó maravillosamente, siendo apoyado por otra falúa al mando de José María Mayorga  (según los registros de la Marina, Bartolomé Leopoldo Cordero alcanzó la jerarquía de Contraalmirante en la Marina Argentina).
La Goleta Santa Ana aunque con muchos impactos, pasa a tomar el lugar de la Bella Margarita en la línea del frente. Garibaldi no se desesperó y una hora más tarde lanzó otro brulote, la sumaca Uruguay, la que también fue detectada por los vigías y el baqueano Luis Cabassa del Americano salió para anularlo, lo que logró con éxito llevándola al mismo banco que el anterior.
Grande fue la desilusión y la furia de Garibaldi al tomar conocimiento de la falla de los brulotes y de la deserción del patrón de la Bella Margarita por la tarde cuando llevaba munición para los infantes de guardia en la estacada y de otros marinos orientales, entre ellos el oficial a cargo del Joven Esteban.
Durante la noche la goletita Santa Ana se hunde por las averías debajo de la línea de flotación.
Al amanecer del 16 la escuadrilla confederada recomenzó su fuego de artillería hostigando a la flota de Garibaldi, la que carente de municiones empezó a disparar con eslabones de cadenas, clavos y cuanto material de hierro o cobre pudiese colocar en los cañones. Los destrozos en las naves eran cada vez mayores y los muertos y heridos iban creciendo en numero, las cubiertas se cubrían de sangre y despojos de velas y mástiles. Los garibaldinos entonaban cánticos de guerra mientras combatían y el aguardiente reforzaba su valentía, pero menguaba su puntería.
A eso del mediodía Brown, apreciando que la fuerza enemiga no ofrecía oposición y que había movimiento de gente en la segunda fila de Garibaldi, dispuso acercarse para abordarlas por lo que suspendió el fuego y con la ayuda de un viento del sur levó anclas maniobrando por ambos flancos.
Garibaldi, conocedor de su infortunada situación y consciente de que Brown no tardaría en capturar sus buques, tomo la extrema decisión de abandonar la lucha, retirarse con lo que podía salvar y, a través de la isla huir en dirección a Esquina. Decide incendiar sus naves principales de una forma que simulen un incendio en la cocina y cuando se produzca el abordaje estallen la pólvora y municiones para que esto cubra su retirada y retrase a los enemigos.
Aproximadamente a las 14hs, Garibaldi da la orden de incendiar la Constitución, el Pereyra y el Joven Esteban para que las naves no caigan en poder enemigo, y de esta forma bloquear el canal de navegación. Los marineros debían esparcir aguardiente para iniciar el fuego, algunos de ellos se embriagaron y aceleraron la combustión de la nave, pereciendo al quedar atrapados cuando ocurrió la explosión. “Conviene aquí narrar un hecho bien desconsolador – dice Garibaldi en sus Memorias – originado por el exceso de las bebidas espirituosas. Los equipajes que yo mandaba estaban compuestos por hombres de todas las naciones. Los extranjeros eran en su mayor parte marinos y casi todos desertores de barcos de guerra; debo confesar que éstos eran los menos díscolos. Entre los americanos, la generalidad había sido expulsada de los ejércitos de tierra por delitos, muchos por homicidios. De todos modos eran verdaderos canallas y se necesitaba todo el rigor posible para mantener el orden. Solo en los días de lucha estaba disciplinada esta mezcla de gente y se batían como leones. Ahora, para hacer el incendio más eficaz, se habían reunido muchos objetos combustibles y sobre ellos se esparcía una buena cantidad de aguardiente que formaba parte de nuestras provisiones, Por desgracia, aquellos hombres acostumbrados a vivir  con una pequeña cantidad de espíritu, al encontrarlo en tal abundancia, se embriagaron  hasta el punto de quedar imposibilitados para moverse”.
“Fue un caso bien doloroso: encontrarse en la imperiosa necesidad de abandonar a aquellos valientes y desgraciados hombres para que fuesen presa de las llamas”.
“Hice cuanto pude, dice Garibaldi, obligando a los compañeros más serenos a no abandonarlos; yo mismo recogí cuantos me fue posible hasta el último instante, cargándolos sobre mi espalda para ponerlos a salvo”.
Tanto la corbeta como el bergantín explotaron, pero el Joven Esteban, aunque con fuego a bordo, fue capturada por Brown quien había dispuesto que nuevamente el joven Bartolomé Cordero saliera con una falúa para que salvara el buque, también el comandante del Echagüe simultáneamente largó otra lancha con el hermano de Cordero, Mariano, por lo que se entabló entre ellos lo que se conoce como "la regata de los dos hermanos" por ver quién llegaba antes. Ganó Bartolomé y actuó con el mayor éxito.
Cuando Garibaldi se retira, un grupo de oficiales de Brown solicita perseguirlo, y Brown exclama algo así como "Garibaldi es un valiente; dejen que se salve y que Dios lo ayude. Yo daré cuenta al Gobierno de las razones que tengo para no acceder a los deseos de ustedes."
Al día siguiente del combate, Brown bajó a tierra y tomó nota de los 40 muertos y los numerosos heridos. Las unidades de guerra no tuvieron mayores daños, fue elevado el consumo de municiones y pólvora pero el saldo fue favorable en cuanto a las mercaderías, piezas de artillería y embarcaciones capturadas. Dispuso todo lo concerniente a prisioneros, heridos, preparación de los 5 buques apresados, de las mercaderías, de las reparaciones, de la vigilancia y de dar sepultura a los muertos, puso especial énfasis en dar cristiana sepultura a Arana Urioste.
Según historiadores, ese día Brown escribió el parte para Rosas y para Oribe expresando lo siguiente en uno de sus párrafos: "La conducta de estos hombres, excelentísimo señor, ha sido de piratas, pues han saqueado y destruido cuanta casa o criatura cayera en su poder, sin recordar que hay un poder supremo que todo lo ve y que tarde o temprano nos premia o castiga según nuestras acciones".
Sin embargo, Garibaldi en sus "Memorias" recuerda la ocasión de una visita que le hiciera Brown en Montevideo de pasada para Irlanda en 1847: "Después de abrazarme efusivamente, escribe, se dirigió a mi señora Anita diciéndole:"Señora, combatí mucho tiempo contra su marido sin obtener victoria alguna. Mi mayor placer era derrotarlo y hacerlo mi prisionero, mas Garibaldi siempre consiguió escaparse. Si yo tuviese la felicidad de hacerlo prisionero, quedaría sabiendo el aprecio que le tengo."
Los distintos autores e informes dicen que Garibaldi llevó consigo 161 hombres de su dotación hacia Esquina, o sea que cerca de 150 hombres perecieron en los combates o desertaron. Remontando por el Espinillo (confluencia del Ingacito, el Guayquiraró y el Corriente) continuaron aguas arriba por el Corriente, llegando a la Estancia de los Carreras, donde el Coronel Cecilio Ignacio Carreras lo cobijó y brindó asistencia a Garibaldi y sus hombres.
Este lugar es hoy el Establecimiento “La Alborada” en la desembocadura del Arroyo Soró, en el Rincón del Guayquiraró (2da. Sección del Departamento de Esquina). Este establecimiento perteneció primero al Catalán Matías Carrera por compra juntamente con el luguence Benito Lamela, fundador de Esquina en 1799. Por herencia queda ello a su hijo el Coronel Cecilio Ignacio Carrera, de destacada actuación militar. Aquí es atendido  deferentemente al ser también aliado de Ferré, el italiano y sus hombres y como plan B deciden fortalecer Esquina.
Pasado un tiempo de descanso y bien atendidos, emprenden camino al norte por tierra, con algunas piezas de artillería y con el propósito de fortificar Esquina, distante 25 Km de la estancia.
Esquina, en ese entonces era un pueblo que se recuperaba de ataques por parte de fuerzas entrerrianas de la Confederación, al mando del Sargento Jacinto Andrada, el poblado sufrió el saqueo e incendio dos veces, quedó con casas muy dispersas, casi nada de población y diseminadas por la zona rural. Al respecto el General Paz en sus memorias dice: “Santa Rita de la Esquina después de Pago Largo, quedó reducida a un lugarejo con el nombre de pueblo”
La fortificación de la ciudad fue cumplida por los hombres de Garibaldi, en la barranca más alta del pueblo hicieron su puesto de defensa, aparentemente esto era una alternativa del plan original; en caso de que la escuadra de Brown los siga y trate de desembarcar tropas confederadas contra Corrientes, la fortificación de Esquina controlaría el paso por el suroeste de la provincia.
Unas semanas más tarde Giuseppe y algunos de sus hombres continuaron hacia el norte, Carreras les proveyó de los medios necesarios para que llegaran a Santa Lucía de los Astos, cerca de Goya, donde se quedaron por un tiempo.

Texto extraido del Libro

Novela - Editorial Dunken

ISBN:978-9870248934

120 páginas - castellano

 

"Giuseppe Garibaldi", Costa Brava y el cañoncito 

Méndez Aníbal Expedito y Rebechi Edgardo Luis

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Envíos por Correo Argentino o encomienda por colectivo

Esta novela histórica relata la epopeya de Giuseppe Garibaldi desde su nacimiento hasta su muerte y en especial su legado de Libertad. Las aventuras y viajes a bordo de navíos, le permiten recorrer gran parte del mundo y de esta forma llegar a nuestro continente donde luchó a favor de sus ideales y donde se enamoró de muchas mujeres, mostrando su faceta romántica. Los combates navales y terrestres en Brasil, Uruguay, Argentina e Italia son relatados casi al detalle, reflejando el heroísmo y bravura de Garibaldi y la Legión Italiana. Capítulos especiales para “Costa Brava”; el encuentro de dos guerreros; la historia del cañoncito de Garibaldi y la miniserie italiana filmada en la ciudad de Esquina, provincia de Corrientes, República Argentina.

 

 

 

 

 


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